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Terra
La Coctelera

Del amor e idioteces

-El amor nos asfixia, asfixia. Sin embargo, uno no puede vivir sin él. Es como con los hombres: uno sabe que finalmente nos decepcionaran pero, día a día, nos volvemos a levantar y esperamos un nuevo golpe. Si tienes novio, esperas a que el te diga que te engañe, hacerle un escandalo y luego perdonarle todo; lo amas demasiado que olvidas demasiado. Eso sin contar que cuestionas a cada tres segundos si es el indicado para tí, si eres de las del tipo romántica, por supuesto; empiezas a recordar los días en que has sentido que no vivirias ni un minuto más sin él y también los momentos que deseas que se marche, te deje de besar y se olvide completamente de ti. Si estas sola, cada día te despertarás pensando si hoy lo conoceras, como será, como se encontrarán y, lo más importante, si te darás cuenta de que no te rechazará. No obstante, te adecuas al rechazo: imaginas como te dejará de lado mientras que tú, única y espectacular, tratarás de parecer eso, a pesar de que las lágrimas se te fueran a salir en cualquier momento. Uno se acostumbra a esos golpes: a ver al chico que te gusta besarse con otro o otra, enterarte que él tiene novia o que está casado. O, en su peor defecto, enterarte que no sucede ni una o otra cosa, pero que ni cagando estaría contigo por tantas razones que ni siquiera te imaginaste. El pensar en eso nos ahoga, en todas las probabilidades que podrían suscitarse, en lo que podría pasar y tú no estás preparada para eso. Pero vivimos de esas circunstancias, una parte oculta quiere que sea dificil conseguirlo cómo para que podamos valorarlo más. El amor no es amor sin dolor.

-No estoy de acuerdo contigo, ¿sabes? -le dije a Santiago, luego de escuchar su discurso de cinco minutos, entre pausas, pitadas a su cigarrillo y sorbos al jugo de naranja que le había convidado. Acostados los dos en mi cama, mirando al techo, me preguntaba de donde y porque habíamos empezado esta conversación.

-Tu dirás.

-No sabría como expresartelo. Nunca he sabido expresar mis ideas contrarias a algo que dice alguien. Miedo a decir la opinión, le dicen. -indiqué yo, mientras él me miraba divertido.

Sonrió.

-Tú siempre igual.

-Toda la vida, amor.

Días días

Esta es mi catarsis. Esta es mi vida, vida que he dejado abandonada. He sido, una vez más, presa del trabajo, la responsabilidad y la familia. La siempre aburrida pero amada familia. Reunidos todos nuevamente, en comitiva se acercaban a mí, la única abogada del lugar para hablar de sus más recientes problemas legales. “Carajo, que se paguen un maldito abogado y me dejen de joder”, comenté a una de mis primas, que seguirá mis pasos, luego de escapar de todos esos tíos borrachos que sólo hablaban de sus evasiones de impuestos. “Te lo ganas tú, mujer, voy venir cuando te aburre todo esto”, respondió ella, totalmente tranquila, como siempre. “Decías que tenías que ver un caso o cualquier cosa y te dejaban de molestar (porque ella, chica de la Católica, no decía groserías). La próxima vez di que tienes que revisar un expediente o un caso; de cualquier manera, ninguno de estos sabe que lo ejerces”, agregó, sonriendo por encima de la taza de café que pretendía beber.

Entró tía Margo junto al aroma de cigarrillo y perfume caro que siempre la rodeaba. Pasó a mi lado con esa superioridad palpante, sintiéndose completamente increíble al verme a mí, allí, en el lugar justo para sus interrogatorios. Quise salir disimuladamente pero me llamó e invitó a sentarme con ella. Como dicen: La gente mala siempre se sale con la suya. “Asfixia, querida, tu novio, ¿cómo está? ¿Por qué no lo has traído”, preguntó, sin vueltas, mientras jugueteaba con la cuchara que había dejado mi prima sobre la mesilla de la salita. “Tenía trabajo. Y no es mi novio, es solamente mi enamorado, tía”, corregí. “Pues novio, enamorado, de cualquier manera es lo mismo. Hijita, tendrías que cuidarlo más, un chico como él no se encuentra en cualquier lado, ¿sabes?”. Desgraciada, ¿crees que no se por qué me dices esto ahora? Como si no supiera que la tarada de tu sobrina es la ex de Julián y quiere que termine con él para que se lo quede. Tan ilusa no soy, pero un “Si, tía” salió de mí. Sonó el celular. Contesté. Adiós al aire, ¿recuerdo como respirar? Creo que no… Es el efecto de la voz de Santiago diciéndome su habitual “Asfixia, where are you?”. “In the hell, and you?”, digo, mientras veía a mi tía, totalmente deprimida por no entender lo que hablo, salir hacia la sala para conversar con el resto de la familia. “En casa, aburrido como nunca he estado. ¿Vienes?”. Esperaba eso, deseaba eso. “Por supuesto, quiero salir de aquí”.

Como es usual en mí, sin despedirme de nadie, salí de la reunión rumbo a la casa de mi amiguísimo. Claro, traten de conseguir un taxi en Rinconada del Lago, en La Molina. Una vez más compruebo lo inútil de vivir en lugares como estos y agradezco de vivir en un lugar cerca de una arteria de la ciudad, lo cual me asegura conseguir micro o taxi según la ocasión.

Fui y llegué, luego de unos minutos. Como siempre, desde que llegó y yo lo visitaba, me esperó en la puerta de la antigua casa de sus padres, casa en la que ahora vive sólo. Lástima que no pueda aprovechar esa soledad.

Vestido con los conocidísimos buzos que usaba siempre que estaba en casa y una camiseta con el rostro de andy warhol, me dio un fuerte abrazo y me invitó a su “castillo encantado”, como solía decirle. Aunque, por el día que era, sabía que un día antes había ido la mujer de la limpieza a arreglar, la casa parecía un autentico desastre. Entre ropas tiradas por cualquier lado y platos sucios sobre las mesas y muebles, miré a mi amigo quién, encogiendo los hombros, me señaló el único sillón libre de cosas. “Deberías tener esto más limpio, Santiago. Eres demasiado desordenado”, le dije. “Si, mamá”, rió él, sentándose a mi lado y recostándose en mi regazo. “Nunca me ha gustado limpiar y lo sabes”, agregó viéndome primero, pero luego bajando los ojos hacia… “¡Te han crecido las tetas!”, exclamó, emocionadísimo. “Dios, a ti se te sale lo loca cuando estamos solas, ¿no?”, dije yo, medio alterada por su comentario. “Puede ser, pero estas tetas han crecido o… “, sin advertirme nada, las apretó un poco antes de que yo le diera una palmada en la mano para que me soltara. “¡Es un sostén con push up! ¡Que estafa! Eso me recuerda a una chica con la que trabajaba en España. Era planísima, se llamaba Hilda, y se ponía el bra relleno de papel higiénico ya que el push up se le veía muy falso y…”. Intenté escucharle más de lo que me decía, algo de que a la tal Hilda se le caía el agua, pero no pude. Recordar su mano en mi pecho, aunque no lo haya sentido tanto como quisiera debido al maldito relleno, me alteró más de lo que creía, tanto como me emocionaba una de sus sonrisas encantadoras en la escuela. Me enamoró con una de esas sonrisas y ahora me seduce con una caricia.

Mujer debía nacer yo. ¿Por qué a mí?

Mujer loca, desquiciada quedaré. Insatisfecha. Triste. Pero no sola.

“Debo irme en un rato, quedamos en salir con Julián”, mentí.

Asfixia

¿De dónde sale esto? De un momento, una necesidad. ¿De dónde saqué el nick? De un ahogo, del hecho de no poder respirar por tantas cosas colgadas en el corazón. Y de una canción, por supuesto. (Adicta, "Asfixia" ("Tu mal" EP).

Regreso a buscar mi promesa encerrada
La asfixia fue tal que cambié todo por nada
Probé que el cuerpo no es quien se muere
sino mi alegría

Tal vez reviva, tal vez consiga
definirme y saber que hacer
Tal vez reviva, tal vez consiga definirme...

¿Quién explicará
por qué fuimos vencidos?
Nuestro amor será
el primero en decirlo
Quedará el placer de no vernos mañana

Estoy tan deshecho que pierdo mis partes
Dejé por ahí mi antebrazo y mis caries
Perdí mi cuello y mi sonrisa tonta y sin carisma

Tal vez reviva, tal vez consiga
definirme y saber que hacer
Tal vez reviva, tal vez consiga...

Probé que el cuerpo
no es quien se muere
después de haber amado...

Hay gente que usa un blog (prefiero yo llamarlo Diario) para contar que le paso en el día, una descripción detallada de él. Otros, lo tienen en plan multiuso, incluyendo agenda y adorno. Esta es mi catarsis. Esta es mi vida.

Un comienzo

Santiago y yo salíamos, antes, con bastante frecuencia en la época escolar. ¿Qué puedo decir? Aquel gay me parecía una de las personas más geniales del mundo. Nunca había conocido un gay antisocial. No recuerdo que día del año en que cursamos Tercero de Secundaria llegó, pero se que fue a mediados de Junio. Entró con ropa normal ya que aún no tenía el uniforme, impresionando a más de una en el aula. Ni yo, en ese momento, podía negar que feo no era. La profesora lo sentó en mi carpeta, ya que nos sentábamos de a dos y era la única vacía, y pronto me vi rodeada de todos los que querían ver al nuevo. Encantó a todos con su acento español y dijo que era peruano, pero desde los cinco años vivía en Barcelona. Rápidamente, para el recreo, los chicos lo invitaron a ir con ellos a conocer el colegio, las chicas ya planeaban invitarlo para la próxima fiesta y más de una puta imaginaba como sería en la cama.

Al día siguiente, y con varias invitaciones a sentarse en otro lado, prefirió quedarse conmigo a pesar de que no habíamos cruzado casi ninguna palabra. “Me agradas”, me dijo y yo pensé que estaba intentando seducirme. Lo miré, recuerdo, como quién mira a un paramecio y, en un susurro, agregó “Soy gay”. Pensé que jugaba conmigo, ya que no volvió a mencionarlo en ningún momento pero no se cambio se sitio en todo ese tiempo. Y ya estábamos en octubre. No lo pensé, pero poco a poco fuimos haciendo migas y me agradó totalmente. En la escuela, pasábamos los recreos juntos, comíamos juntos y, al final, me acompañaba a mi casa. Si íbamos a alguna fiesta, lo cual era extraño, bailábamos siempre juntos. No era extraño que medio salón nos fastidiara por un posible amorío. Pero yo recordaba el “Soy gay”.

Hoy volveremos a salir, a recordar cosas del colegio. Hablaremos de los chicos que perseguían a Magdalena, la chica más linda del salón. Hablaremos de todo, tan detallado que será como si hubiera sido ayer la graduación. (¡Como odié esa túnica/sotana/lo que fuere).

Nos veremos, luego de ocho años en los cuales él estuvo en España, y siempre será más glam y fashion que yo. Así me arregle, siempre será así. Me volverá a decir "Amor, ser antisocial no significa vestirse mal" como lo hacía antes, en la escuela, señalándome a los pseudo punk antisociales del salón, los cuales parecían haber salido de la guerra con sus uniformes sucios y rotos por todos lados. Él se fijaba en esas cosas, en los detalles de las personas, pero no solo en los físicos. Él siempre era el primero en decir "Alicia terminará con Guillermo. ¡Mírala como se come a Hugo!". Yo le decía: "Deja tus neuras". A la semana, Alicia terminaba con Guillermo para estar con Hugo, un chico de un grado menor al nuestro. Siempre pensé que para algunas cosas podía ser muy perceptivo, pero para otras, demasiado ciego.

Fue ciego cuando, en mi habitación, le decía "Espérame, ahora me visto" justo antes de irnos a pasear. Seguidamente, me desnudaba frente a él. Quería excitarlo, quería ver aquel bulto en su pantalón que me demostraba que no todo estaba perdido; sin embargo, sólo conseguía un "Haz adelgazado" muy emocionado. Tocaba fondo y me gustaba él. También fue ciego cuando no me veía totalmente embobada ante el espectáculo de su desnudez con el fin de mostrarme la nueva ropa que había comprado. Por suerte, nunca pudo verme apreciando aquel órgano que soñaba que estuviera dentro de mí, embistiéndome con pasión. Nunca sucedió. ¡Tantas cosas que no vio! Mi expresión de envidia cuando los hombres del salón jugaban a ser gays y querían penetrarlo con un lápiz, fastidiándolo por ser el único que, en tres años, no se le había conocido enamorada. Sin embargo, yo sí veía su rostro de felicidad sintiendo que varias manos lo recorrían. “Soy muy puto. Si fuera mujer, me tiro a todos estos”, me decía luego de esas “sesiones”, entre risas y erecciones. Entretanto, yo deseaba tener una pinga que pudiese satisfacerlo.

Y ahora estoy aquí, frente a un computador, sin saber como afrontar una llegada así y una estadía que durará hasta marzo del próximo año. Ya no lo amo como lo amé. Ya no soy lo que era. Asimismo, no quiero volver al pasado. “Pero él es el pasado” y volvió.

Hay reglas que una mujer debe cumplir a cabalidad en el ámbito del “desde adentro, devora” (o sea, amor):

Nunca enamorarte de tu mejor amigo.
Nunca enamorarte del enamorado de tu mejor amiga.
Nunca enamorarte del hermano de tu enamorado.
Nunca enamorarte del padre de tu enamorado/mejor amiga.
Nunca enamorarte de un gay.

Lo rompí. No me quiero volver a enamorar.

Este es el comienzo, puede que nunca haya un final.